El ego en el Nuevo Tiempo

Ego: ¿realmente hay que combatirlo?

Durante mucho tiempo nos enseñaron que el ego era el enemigo. Que había que vencerlo, callarlo, eliminarlo.
Pero esa visión pertenece a una etapa antigua de la conciencia, cuando la humanidad vivía desde los tres primeros centros energéticos, sostenida en la supervivencia, la lucha y la separación.

En esas vibraciones más densas, la personalidad se construía desde el miedo: miedo a no ser suficiente, miedo al castigo divino, miedo a equivocarse, miedo a no encajar.
El ego, desde ahí, aprendió a desconfiar, a defenderse, a endurecerse y a desconectarse de la esencia.

Y, aun así, ese viejo ego nos dio herramientas valiosas: saber poner límites, identificar nuestras necesidades, adaptarnos a las experiencias que la vida pedía.

Pero ahora el campo está cambiando. Y nosotros también.

El salto vibratorio cambia la función del ego

Con la transformación energética de la Tierra estamos dejando atrás la versión del ser humano desconectado de su origen.
Entramos en un nivel nuevo, el del corazón: el cuarto centro, donde comienza la verdadera integración entre la materia y la conciencia.

En este nuevo estado, el ego no desaparece.
El ego encuentra su lugar.

Es la parte más densa de tu presencia aquí, la que permite que tu alma pueda actuar en la materia.
No es un enemigo: es una herramienta.
El problema no es el ego.
El problema es cuando la energía deja de circular.

Ego en el Nuevo Tiempo: aprender a relacionarte con él

El ego no se doma a la fuerza, porque esa lucha nace… del propio ego.
La única forma de transformar la relación que tienes con él es mirarlo desde la conciencia, desde el alma, desde arriba en la vertical.

Cuando tu canal energético fluye bien —desde los centros inferiores hasta el corazón, y del corazón hacia los superiores el ego sirve a la misión del alma.
Cuando se bloquea, el ego toma el control.

Y ahí nacen los extremos.

Cuando el bloqueo está abajo

Cuando la energía queda atrapada solo en los primeros centros, sin pasar por el corazón, aparece el ego más materialista y desconectado:

“Yo, lo mío, mis logros, mis méritos.”
Necesidad de control, comparación, dureza, autosuficiencia defensiva, debo hacer, falta de escucha, moverse y elegir por los demás de forma unilateral.

Desde ahí, las relaciones se rompen, el cuerpo se resiente y la vida se vuelve lucha.

nota: Esto lo vemos en el proceso de llamas es la energía masculina cuando esta desajustada /bloqueada.

Cuando el bloqueo está arriba

Es el famoso “ego espiritual”.
La energía se queda en los centros superiores, pero no baja a la tierra:

“Yo vibro alto, yo ya entiendo, los demás están dormidos.”
Desprecio sutil hacia los procesos de otros, desconexión del cuerpo, rechazo a la materia, tengo la razón porque tengo la visión y se tiene que hacer como yo lo hago, frustración a la falta de movimientos como yo creo que debe de ser de los demás, reclamar al universo o guías, querer imponer materialización.

nota: Esto lo vemos en el proceso de llamas es la energía femenina cuando esta desajustada /bloqueada.

En ambos casos, lo que se alimenta es lo mismo: la soberbia.
Solo cambia su disfraz.

La verdadera integración ocurre en el corazón

El corazón es el puente.
Es la puerta que permite que lo humano y lo divino se encuentren.
Que la materia y el espíritu colaboren.
Que el ego sirva a la conciencia, y no al revés.

Cuando la energía circula sin bloqueos, la vida se ordena:
lo material se siente seguro, y lo espiritual se siente real.

El ego deja de querer ser protagonista y empieza a sostener el camino del alma.

Ese es el verdadero propósito del Nuevo Tiempo.
Integración.
Unidad.
Coherencia.

Si resuenas con todo esto, nos vemos en la comunidad regreso a casa, un lugar para conectar con tu versión plena desde la sanación y el conocimiento.

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Pilar @serevolucion5d

 

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